¿Qué es el liberalismo?

09/02/26
• CITEL

El liberalismo es una ideología política. “Ideología” en el sentido de ideas organizadas en torno a un valor fundamental: la libertad, entendida ésta como libertad individual, libertad de cada una de las personas, y de todas las personas; libertad como un principio de organización de la vida en sociedad, de la convivencia pacífica, de la igual libertad de todos y cada uno.

El liberalismo no es una filosofía ni una concepción del mundo. Para poder vivir libres debemos aceptar las diferencias, particularmente las diferencias de pensamiento. Distintas filosofías y distintos filósofos pueden aportar ideas al liberalismo, pero no pueden “fundar” el liberalismo. Lo mismo sucede con la concepción del mundo. El liberalismo no acepta un orden basado en una sola concepción del mundo, por eso no puede tener una “cosmovisión” propia.

Uno de los primeros principios del liberalismo se refiere, justamente, a la primacía de las ideas. Son las ideas las que, a través de distintos mecanismos, transforman el mundo. Tanto si se convierten en inventos y artefactos, como si se convierten en instituciones o leyes. Son las ideas la que, en última instancia, hacen la realidad material del mundo, no al revés.

Muchos pensadores del pasado creyeron en ideas que favorecían la libertad. Sin embargo, recién en el siglo XX surgió lo que podríamos llamar la “autoconciencia” del liberalismo; es decir, el primer intento de sistematizar, ordenar y articular de manera coherente las diversas ideas sobre distintos aspectos de la libertad individual. La primera exposición sistemática en forma de libro la hizo Ludwig von Mises, en 1927, en su obra “Liberalismus”.

La libertad significa poder disponer y tener control sobre la propia vida, integridad, trabajo y propiedades. No es libre aquél sobre cuya vida, integridad, ideas o bienes un agente externo le impide disfrutarlos. El derecho a la vida, a la integridad y a la propiedad son valores fundamentales del liberalismo.

Otro valor esencial del liberalismo es la paz. Para que todos gocen de los beneficios de la libertad por igual se requiere desarrollar un sistema de reglas y sanciones, de procedimientos conocidos y de tolerancia. El intolerante que insulta a sus adversarios no puede ser considerado “liberal”. La libertad como principio de organización social es la libertad igual para todos y la libertad bajo la ley. Si una persona denigra a otra por sus ideas, significa claramente que no las respeta y eso significa que no respeta la igual libertad del otro. La agresión, física y verbal, no encuentra sitio en la doctrina liberal.

La libertad bajo la ley, como la llamaba Hayek, no admite libertad para agredir a otros o coactar su libertad. La burla, el humor, la caricatura son cosas distintas a la denigración, al insulto o la injuria. La libertad (por ejemplo, de expresión) no se entiende como libertad fuera de la ley.

Por eso, otro ideal del liberalismo es la justicia. Entiende ésta como la protección de la libertad individual a través un sistema de sanción transparente y reconocido, basado en los valores fundamentales de la comunidad, en la publicidad de las normas, en la proporcionalidad de las penas con respecto a los delitos, a través de procesos previamente reconocidos y debidamente organizados, estables en el tiempo y a los que se pueda apelar con certeza y celeridad.

La justicia no se entiende en el liberalismo como la igualación de la situación material de los miembros de la sociedad. Más bien, como la garantía de que cada uno será respetado en su trabajo, su creatividad, su situación en la vida, mientras ésta no sea producto del privilegio, es decir, de la alianza del Estado con el particular para otorgarle algo que no le da a los demás.

Por eso el liberalismo cree en el libre mercado, en la libertad de competencia, en el libre cambio, el libre comercio, la libertad de producir, la moneda sana y la soberanía del consumidor, por encima de los intereses del productor. Éste debe ser el servidor del consumidor y es éste el que debe decidir la situación del proveedor, en la medida en que atienda sus necesidades o sus deseos o cree nuevas necesidades y nuevos deseos. El liberalismo cree que el fundamento de la economía de mercado es el estado de derecho. La propiedad privada de los medios de producción permite saber qué quieren los consumidores, según ellos mismos. Ellos deben poder desear libremente entre las opciones de mercado, sin coacción ni preferencias preestablecidas por el gobierno, la ley o la autoridad.

La libertad del individuo, la libertad de todos los individuos. Los derechos de las personas, de todas las personas. La exclusión del privilegio y la arbitrariedad. Los ideales de justicia, paz y libertad. Un gobierno limitado por la ley y una comunidad protegida por el derecho, y los derechos, de las personas. Este es el liberalismo clásico, un libro abierto para el debate de los programas que calcen o no con sus grandes ideales.